El desarrollo de las enfermedades en los cultivos agrícolas y en general de cualquier otro sistema biológico depende de la compleja interrelación entre el huésped, el patógeno y las condiciones ambientes. Por lo que, en el caso de los patógenos del suelo, abre la oportunidad para las interacciones con otros microorganismos que ocupan el mismo nicho ecológico. Por ejemplo, en el caso de los nematodos, se ha visto en muchos cultivos la correspondencia con el desarrollo de otras enfermedades causadas por otros patógenos del suelo.
El suelo alberga una multitud de microorganismos: alrededor de 10⁶-10⁸ bacterias, 10⁶-10⁷ actinomicetos, 5 x 10⁴-10⁶ colonias fúngicas, 10⁵-10⁶ protozoarios y 10⁴-5X 10⁵ algas, en otras.
Muchos de estos organismos son saprofíticos y tienen poco efecto sobre los cultivos agrícolas, sin embargo, el ambiente húmedo del suelo es favorable para las actividades de los nematodos parásitos de las plantas y para el crecimiento y multiplicación de hongos patógenos. No es de extrañar que se haya demostrado una gran variedad de relaciones entre ellos.
El desarrollo de los síntomas de una enfermedad muchas veces no se determina únicamente por el patógeno responsable, sino depende de una compleja interrelación entre huésped, patógeno y las condiciones ambientales prevaleciente. Además, en las plantas (dentro de un medio natural) es raro que esten sujetas a la influencia de un solo patógeno potencial. Esto es especialmente cierto en patógenos del suelo, donde existe una enorme interacción con otros microorganismos que ocupan el mismo nicho ecológico.
Por ejemplo, los nematodos parásitos causan graves pérdidas de cosechas en el mundo y se encuentran entre las plagas agrícolas más importantes. El manejo de estos nematodos es más difícil que otras plagas, porque habitan sobre todo en el suelo y atacan generalmente las raíces de las plantas. Aunque los productos químicos nematicidas en general son eficaces, fáciles de aplicar y demuestran rápido los efectos, han empezado a ser retirados del mercado en algunos países desarrollados debido a las preocupaciones salud y seguridad ambiental. La búsqueda de alternativas novedosas y sustentables con el medio ambiente para la gestión de poblaciones de nematodos parásitos de plantas, se han vuelto cada vez más importante.
Una alternativa viable surge del hecho que los nematodos parasitos en el suelo están sujetos a infecciones por bacterias y hongos. Las bacterias son los organismos más abundates del suelo. En los últimos veinte años se han realizado extensas investigaciones para evaluar su potencial para el control de nematodos parásitos en las plantas. En los esfuerzos de estas investigaciones se han encontrado que las bacterias nematófagas se distribuyen ampliamente, poseen diversos modos de acción, y tienen amplios rangos de desempeño. Una variedad de grupos bacterianos nematófagos han sido aislados del suelo, de los tejidos de las plantas hospederas asi como de los nematodos, sus huevos y quistes. Las bacterias con actividad de biocontrol frente a nematodos actúan mediante mecanismos, como la colonización competitiva, el parasitismo y la antibiosis. A través de la producción de enzimas líticas, toxinas y compuestos orgánicos volátiles, pueden afectar estructuras externas e internas del nematodo, alterar su desarrollo y limitar su proliferación. Estos procesos reducen la presión de la plaga en la rizosfera contribuyen a proteger el sistema radicular y la salud general de la planta.
El grupo de rizobacterias al que pertenece un amplio grupo de bacterias del portafolio LIVENTIA como: Bacillus sp, Lysinibacillus sp Microbacterium sp, Alcaligenes sp y Arthrobater sp. también han sido estudiadas para el control de nematodos parásitos de plantas y se encuentran entre las poblaciones dominantes en la rizosfera que pueden combatir a los nematodos. Las rizobacterias reducen las poblaciones de nematodos mediante diversos mecanismos de acción. Entre ellos se encuentran la alteración del comportamiento de los nematodos, afectando su capacidad para reconocer y localizar las plantas hospedantes; la competencia por nutrientes esenciales; la promoción del crecimiento vegetal; la inducción de resistencia sistémica en la planta; y el ataque directo a los nematodos mediante la producción de toxinas, enzimas y otros metabolitos bioactivos. Gracias a esta diversidad de mecanismos, este grupo de bacterias ofrece un amplio potencial para el manejo de nematodos y otros patógenos que afectan a los cultivos.
Referencias:
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